LA MISMA PIEDRA

Desentrañar la historia no es memorizar fechas, acontecimientos o nombres destacados…eso lo memoriza hasta el menos destacado de los equipos informáticos. Lo verdaderamente importante del conocimiento histórico, lo realmente fundamental, es conocer la mecánica de la historia, no solo para no incurrir en los mismos errores, sino para realizar predicciones de que abanico de respuestas se generan, frente a determinadas circunstancias y coyunturas. Sin perder de vista, y esto es extremadamente apasionante, las imprevisibles divergencias que siempre nos regala el devenir.

Predicciones se han realizado tantas, como metodologías para el análisis histórico. Existen las que han subyugado a muchos, tanto ideológica, como políticamente: por ejemplo, el materialismo histórico marxista. El capitalismo sacó de su sombrero las elucubraciones de Francis Fukuyama a finales del siglo XX, pero personalmente apuesto por los planteamientos de Oswald Spengler en su contundente y monumental obra.

Tengo muchos amigos en Cataluña, como toda nuestra nación y su impresionante proyecto común, resulta maravilloso visitar sus tierras, hablar con sus gentes. Personalmente he sentido la misma natural simpatía y sintonía con amigos de Tarragona o Lérida, que con un paisano de Pontevedra, o un compañero de la mili de Albacete. Pero las últimas veces que he visitado esta emblemática comunidad española he sentido una sincera pena. Hay miedo, sufren desencanto y todo ello ha generado un desencuentro y natural desconexión con la sociedad en la que viven, totalmente desquiciada por una casta de políticos irresponsables. Finalmente, después de décadas de creciente locura callan y otorgan, intentando resistirse a la constante persecución de los excluyentes intolerantes.

Hasta que no se generó el desastre del 98, con la pérdida de Cuba y Filipinas, sencillamente no existía el fenómeno independentista en España. En el mejor de los casos podríamos hablar de un romanticismo catalán, muy del siglo XIX, pero sin veleidades políticas. Curiosamente, si había una región partidaria de la guerra con USA fue Cataluña, tanto por un sincero nacionalismo, como por los intereses de la industria catalana, principal beneficiaria de las relaciones comerciales con Cuba y Filipinas.

Sería largo, aunque muy interesante, explicar cómo lo acontecido en el 98 desencadena en parte las terribles circunstancias de la II República. República que curiosamente trajeron los partidos conservadores y monárquicos, y más curioso, que quienes primero se rebelaron contra la república fueron los integrantes del Frente Popular del 36, con su fracasado golpe de estado de 1934. Aprovechando la anarquía que se generó cuando Companys declaró la república Catalana, con una absoluta deslealtad para con la república. Hace 87 años y por puro politiqueo también negociaron indultos, de igual manera que dos años más tarde, volvieron a incurrir en el mismo levantamiento frente al orden constitucional. Siempre la misma piedra, siempre las mismas debilidades.

Tras la transición, no existía el independentismo en Cataluña. En cualquier caso, era una opción casi residual. Los que rescatan el cadáver ideológico del odio a España, son los líderes de Convergencia, cuando gracias a los cambios en el bipartidismo parlamentario nacional, su mamandurria quedó en peligro, y empezaron a desempolvar las viejas carpetas del 3% de comisión que todo el mundo conocía. Es a partir de ese momento, y aprovechando más de tres décadas de insufrible adoctrinamiento en las escuelas, una constante como ofuscada propaganda de TV3 y paladas de dinero para acallar bocas y conciencias, cuando se utiliza al independentismo para focalizar la atención hacia otros objetivos. Demasiado resumido, pero es una sinopsis que, de aquellos polvos, estos lodos.

Ayer sentí asco escuchando al presidente Sánchez justificando sus prevaricadores indultos, no como pago exigido para mantenerse en el poder por sus socios de gobierno, sino porque se lo exigen millones de españoles. Todos lo sufrimos, todos lo contemplamos durante meses. Dinero pulverizado en embajadas extranjeras, en campañas de “concienciación”, en la creación de una gigantesca red clientelar. Cuando se saltaron a la torera, las innumerables y reiteradas advertencias de que estaban vulnerando la ley, recurrieron a la violencia. Nos recordábamos que nadie puede ponerse por encima de la ley, porque eso es ponerse por encima del pueblo del que emana.

El absoluto desencanto de los catalanes con su realidad se refrendó en las últimas elecciones autonómicas, con unos niveles de abstención increíbles. Los que ganaron las elecciones, no representan ni un 25% del total de la población. La palabra de moda entre los bien pagados de la Generalidad y el pedrosanchismo es “mesa de diálogo”. Ambos se han enrocado en este concepto, eludiendo el que la iniciativa es casi imposible porque, aparte de los indultos y de alguna que otra riada de millones a los gestores de la gencat, poco les queda por negociar. Ni a unos ni a otros les interesa mucho el fugado Puigdemont y su patética corte de Waterloo.

Ahora volvemos a ver y sufrir que la separación de poderes es otra mentira. Que eso de acatar lo que dicen los jueces es falso. Que para el gobierno aquellas barricadas están legitimadas como vía política. Que sufrimos un presidente en guerra contra el resto de los poderes del estado, contra el legislativo, contra el judicial, contra la Corona y hasta contra la policía y la guardia civil.

No va a servir para nada. Absolutamente para nada. ¿Cuántas veces es necesario tropezar con la misma piedra?

 

Luis Nantón Díaz