La estafa del acuerdo MERCOSUR se demora por dos años, gracias a las revueltas populares en media Europa, defendiendo nuestro sector primario. Se ha ganado tiempo, pero lo volverán a intentar. Esta vez no le ha salido la jugada a Úrsula von der Leyen, al menos no tan fácilmente como todas las que nos ha colado.
Hay mucho especulador enfadado, todos los que pensaban incrementar sus beneficios. Entre esas personas, lamentablemente, no se encuentra el ciudadano común, cuya vida con ese acuerdo iba a ser sensiblemente peor. Con “pifias” como MERCOSUR los ciudadanos nos alimentaremos con productos de menos calidad y asistiremos al hundimiento de nuestra pesca, nuestra agricultura y nuestra ganadería. Siguiendo la pesadilla del rosco multicolor, nuestras industrias automovilística y química aumentarán exponencialmente su producción. Inicialmente exportaremos más y eso parecerá fantástico, hasta que las industrias fabricantes se muden a otro continente, como ha ocurrido en el pasado.
No tenemos la excusa de que carecemos de información. Nuestro sector primario está sometido, empantanado en una interminable legislación, que aumenta los costes de producción, la logística y el desarrollo. En cambio dejamos entrar productos de terceros países que no se ven limitados por esta “apisonadora legal” que es la comisión europea. Estas naciones, como nuestro cercano Marruecos, producen mucho, con costes inferiores y sin barreras. El Pacto Verde y la normativa climática, la presión fiscal y la persecución burocrática son frenos a la producción europea. O todos cumplimos las mismas reglas para asegurar un producto de calidad, seguro y respetuoso con el medio ambiente o los productores de otros países, que no están sometidos a esa normativa no pueden vender en el espacio europeo. O al revés, no hay normas para nadie, o todas igual de laxas, y que se imponga el libre mercado. El acuerdo que se propone, no sólo es un abuso, es un verdadero suicidio.
Nos venden la moto con la proclama de que los acuerdos de “libre comercio” benefician al consumidor, pero lo que no te dicen es que machaca al productor. Eso tiene efecto inmediato y de forma progresiva se pierde la independencia alimentaria. Ya sabemos lo que nos supone no tener independencia energética, tanto por el encarecimiento de los suministros como en nuestra supeditación a países vecinos. Si desaparece la producción propia, los precios acabarán equilibrándose al alza siempre, certeza avalada por la historia y la estadística.
No duden que a lo largo de este proceso muchos pequeños empresarios y autónomos, nuestros agricultores y nuestros ganaderos, desaparecerán. Cerrarán sus explotaciones, venderán las tierras a fondos energéticos o traspasarán su explotación permutando sus deudas a empresas multinacionales. Es el efecto real conocido y ansiado por la agenda 2030: la concentración y la desaparición de las naciones como comunidades de propietarios libres. De personas libres.
En la comisión europea la mentira se etiqueta de verdad. Además, lo importante es que los burócratas de la comisión, al servicio de grandes corporaciones, no necesitan de consultas, votaciones o plebiscitos. Simplemente diseñan y ejecutan a espaldas de la ciudadanía. Todas estas decisiones, como la de MERCOSUR, van a cambiar nuestras vidas, pero nadie nos consulta; se ha mantenido deliberadamente al margen del debate público.
Los políticos viven del relato, de su relato. En unos días hemos sufrido dos desastres ferroviarios que han generado muerte y destrucción. Automáticamente los partidos, y sus coros mediáticos, salen a imponer sus silencios, sus mentiras e incluso te amenazan con que el estado “monitoriza las redes”. Cuando se habla de «crisis de la democracia», normalmente se pone la atención en sus procesos: las elecciones, las listas, el peso de los partidos políticos y sus redes clientelares, la ética en la gestión pública, etc. Pero posiblemente la crisis de la democracia es el propio sistema, como lo es la desfasada estructura constitucional del 78.
En el último cuarto de siglo, las grandes decisiones que nos han afectado, han quedado completamente al margen de la ciudadanía. Nadie nos ha preguntado nunca sobre la inmigración masiva, el cambio de modelo energético, o el desmantelamiento de nuestra agricultura. Tampoco recuerdo ninguna consulta sobre la estrategia del Banco Central Europeo, las políticas de género y todo el catecismo LGTB. No me viene a la memoria ninguna consulta sobre la defensa europea o sobre cualquiera de las brutalidades legislativas en materia climática, que asfixian toda nuestra economía. Todas estas políticas globalistas son estrictamente antidemocráticas y todas las políticas de la Unión Europea son esencialmente globalistas.
En clave nacional ocurre lo mismo, nadie ha votado ninguna de esas medidas, siquiera se propicia el más mínimo debate. ¿Por qué? Porque el resultado del voto en el marco nacional, que es el único que está más o menos al alcance del ciudadano, habría sido con toda seguridad diferente al deseado por los globalistas. La comisión europea es la trinchera tras la que grandes consorcios y lobbies de todo tipo pueden manipularnos, sin tener que currarse ningún tipo de elecciones.
Cuando el otro día, desde Bruselas, en tono solemne y vocabulario amable nos soltaron que Europa “exige compromiso”, lo que nos están diciendo en realidad es que debemos obedecer y callar.
Luis Nantón Díaz
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SIEMPRE APRENDIENDO
Ante todo gracias por tu visita.
Te presento un recopilatorio de los artículos que semanalmente se publican en el CANARIAS 7, y que con auténtica finalidad terapéutica, me permiten soltar algo de lastre y compartir. En cierta medida, de eso se trata al escribir, de un sano impulso por compartir.
La experiencia es fruto directo de las vivencias que has englobado en tu vida, y mientras más dinámico, proactivo y decidido sea tu carácter, mayor es el número de percances, fracasos, éxitos… Los que están siempre en un sofá, suelen equivocarse muy poco…
Y, posiblemente eso sea la experiencia, el superar, o al menos intentarlo, infinidad de inconvenientes y obstáculos, procurando aprender al máximo de cada una de esas vivencias, por eso escribo, y me repito lo de siempre aprendiendo, siempre.
Me encantan los libros, desvelar sus secretos, y sobre todo vivificarlos. Es un verdadero reto alquímico. En su día, la novela de William Goldman “La Princesa Prometida” me desveló una de las primeras señales que han guiado mi camino. La vida es tremendamente injusta, absolutamente tendente al caos, pero es una experiencia única y verdaderamente hermosa. En esa dicotomía puede encontrarse ese óctuple noble sendero que determina la frase de aquel viejo samurái: “No importa la victoria, sino la pureza de la acción”.
Como un moderno y modesto samurái me veo ahora, en este siglo XXI… siempre aprendiendo. Los hombres de empresa, los hombres que intentamos sacar adelante los proyectos de inversión, la creación de empleo, los crecimientos sostenibles, imprimimos cierto carácter guerrero a una cuestión que es mucho más que números. Si además, te obstinas en combinar el sentido común, con principios, voluntad de superación y responsabilidad, ya es un lujo.
Si también logramos inferir carácter, lealtad y sobre todo principios a la actividad económica, es que esa guerra merece la pena. Posiblemente sea un justo combate.
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