Tremendo espectáculo el de los coros mediáticos con la canción del Derecho Internacional. Lo acontecido en Venezuela ha despertado la sensibilidad de la clase política, siempre atenta a capitalizar cualquier movimiento en el mundo. Todos estos sicarios de lo político, y sus afamados palmeros, tienen un denominador común: les importa poco lo que le ocurra al pueblo venezolano.
Pero hay que asumir las cosas en toda su crudeza. Lo primero es que es difícil enterarse de lo que realmente ocurre, dado que carecemos de información, lo que abunda es la propaganda. Nos enteramos de lo acontecido, años más tarde, con la distancia que impone el tiempo, y siempre que acompañe la fortuna. Generalmente la verdad queda enterrada bajo el peso de los acontecimientos. Si además abundan los afamados expertos, ya la fastidiamos. Los mismos vocingleros que hoy hablan de volcanes, mañana de virus y pasado del cambio climático. Vamos, como quien firma estas líneas, que al menos reconozco que no me entero de nada…
Los Estados Unidos no actúan para defender la democracia, no intervienen por el pueblo venezolano, o para luchar contra el narco estado chavista. Sus razones son geopolíticas, y las discutirán tomando té en el despacho oval. La doctrina Monroe, una ordenación del espacio, o cualquier cosa. El relato lo aguanta todo, y podrían enarbolar que EEUU se va a ver obligado a intervenir en Groenlandia para llevar la libertad al pueblo Inuit o destruir las armas de destrucción masiva que esconde Dinamarca. Su discurso planetario le sirve lo mismo para defenderse que para intervenir, en línea con las dos almas, las dos pulsiones exteriores del país.
Occidente se divide en perspectivas enfrentadas. Por un lado, los que celebran la liberación de Venezuela; por otro, los que condenan el ataque imperialista del insolente vecino. Muy gritona la casposa izquierda, que lo va interpretando todo en chino, tras una frenética fase wokista. Por otro lado, los tibios conservadores que no estando con Maduro, no pueden aceptar que el gobierno Trump haya pisoteado el derecho internacional. Esa musiquilla liberal de la democracia y el progreso, sin explicar más, solo como palabras tótem, quizás sea la forma que los siervos tenemos de sobrellevarlo.
El derecho internacional lleva décadas muerto y enterrado. Posiblemente desde su mismo nacimiento ideológico. Se han pulverizado naciones para “liberarlas”, se han “regado de napalm” para regalarles nuestro “sistema”. Si el Consejo de Seguridad de la ONU pone el sellito, pues estupendo, y si no es así, hablaremos de “coaliciones aliadas”. Por eso, hay que afirmarlo sin tapujos: esto no va de Maduro. Va de quién ha negociado su final y para qué. Las revoluciones reales son ruidosas. Las transiciones pactadas son silenciosas. Cuando un tipo tan esperpéntico como Maduro es capturado y no se genera anarquía ni caos, cuando no hay movimientos entre la casta militar, nos encontramos en una clarísima situación negociada de antemano.
Esto no se trata del derecho internacional, esto trata de “vestir al muñeco”. Trump utiliza el terrible problema de la droga como “casus belli”. Brutal problema, tan contrastado como la existencia de gobiernos que utilizan el narcotráfico para sustentar su poder y su avaricia. Pero el objetivo de Trump era poder dotarse de facultades ejecutivas presidenciales y eludir el Congreso. Pero también tendremos que tener presente que la dictadura de Maduro se eternizaba, tras el clamoroso fraude de las pasadas elecciones en Venezuela.
Son más de dos décadas intentando derrocar la tiranía desde dentro del país. Muchos años en que millones de venezolanos se han visto obligados a abandonar su patria para tener un futuro. Todos los llamamientos al ejército venezolano y a los dirigentes del régimen habían resultado inútiles. Después de tanto fiasco, de tanta derrota ¿había acaso alguna posibilidad de liberar a Venezuela que no pasara por esta intervención?
Se ha ejercido una inusitada presión militar. Parece ser que se intentaba propiciar un cambio desde el mismo régimen. Que fuera su propia cúpula quien entregara al máximo responsable, para negociar una transición por fases. Un cambio gradual que se gestione desde dentro, pero bajo la interesada supervisión de EE.UU. Por eso, este asunto no va acerca de izquierdas o de derechas. Va de quién gestiona los recursos, la administración, y por lo tanto la narrativa cuando se inicia la redacción de la historia, de su historia. Esta estrategia se produce cuando se comprende que el régimen ya está sentenciado y que es mejor recolocarse que combatir. Ahí es donde entran nombres concretos, no por conspiración, sino por lógica de poder: Delcy Rodríguez, Vladimir Padrino López, Diosdado Cabello. Nombres aborrecibles, pero posiblemente gestores de una transición negociada.
El Presidente Trump no se corta. A veces hasta se le agradece su brutal franqueza. Él se mueve en defensa de los intereses de su país. Quiere buenos vecinos, gente estable. Y es tan realista, y transparente, que habla de petróleo. No se inventa, como hace veinte años, un subterfugio para ocultarlo. El petróleo será nuestro y haremos tratos con China, ha venido a decir. Pero en otras condiciones. Venezuela es la mayor reserva del mundo, aunque su producto no tenga “calidad”. ¿Cómo afecta esto a Rusia o a China?. Es un golpe de efectos incalculables, que apertura nuevos escenarios.
Como resumen de estas divagaciones, destacar la aparente calma del país. Es como si el guión estuviera asumido por todos, aunque sea realmente incómodo. Como manifestaban las redes, nadie está tranquilo en mitad de una tormenta si no tiene un refugio asegurado. Esa tranquilidad no es inocente; es estratégica. Y aquí viene lo más incómodo: las transiciones tuteladas no liberan naciones, los reordenan.. Y muy posiblemente sea lo mejor.
La historia lo demuestra una y otra vez. Los ciudadanos no intervenimos en la ecuación más que como coartada, como mero argumento. Se nos promete futuro mientras se negocia el reparto en opacos despachos. Como aprendimos en España, durante ese periodo que denominan transición, no es la misma libertad cuando te la dan que cuando la conquistas.
Luis Nantón Díaz
DERECHO INTERNACIONAL
Related posts
SIEMPRE APRENDIENDO
Ante todo gracias por tu visita.
Te presento un recopilatorio de los artículos que semanalmente se publican en el CANARIAS 7, y que con auténtica finalidad terapéutica, me permiten soltar algo de lastre y compartir. En cierta medida, de eso se trata al escribir, de un sano impulso por compartir.
La experiencia es fruto directo de las vivencias que has englobado en tu vida, y mientras más dinámico, proactivo y decidido sea tu carácter, mayor es el número de percances, fracasos, éxitos… Los que están siempre en un sofá, suelen equivocarse muy poco…
Y, posiblemente eso sea la experiencia, el superar, o al menos intentarlo, infinidad de inconvenientes y obstáculos, procurando aprender al máximo de cada una de esas vivencias, por eso escribo, y me repito lo de siempre aprendiendo, siempre.
Me encantan los libros, desvelar sus secretos, y sobre todo vivificarlos. Es un verdadero reto alquímico. En su día, la novela de William Goldman “La Princesa Prometida” me desveló una de las primeras señales que han guiado mi camino. La vida es tremendamente injusta, absolutamente tendente al caos, pero es una experiencia única y verdaderamente hermosa. En esa dicotomía puede encontrarse ese óctuple noble sendero que determina la frase de aquel viejo samurái: “No importa la victoria, sino la pureza de la acción”.
Como un moderno y modesto samurái me veo ahora, en este siglo XXI… siempre aprendiendo. Los hombres de empresa, los hombres que intentamos sacar adelante los proyectos de inversión, la creación de empleo, los crecimientos sostenibles, imprimimos cierto carácter guerrero a una cuestión que es mucho más que números. Si además, te obstinas en combinar el sentido común, con principios, voluntad de superación y responsabilidad, ya es un lujo.
Si también logramos inferir carácter, lealtad y sobre todo principios a la actividad económica, es que esa guerra merece la pena. Posiblemente sea un justo combate.
Ver más